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El mercado no puede permitir el pluralismo en la prensa española

El mercado no puede permitir el pluralismo en la prensa española

Antonio Fernández-Galiano es el presidente de Unidad Editorial, el grupo de comunicación que edita El Mundo, Marca y Expansión, entre otras publicaciones de referencia. Lleva 28 años en el gremio, con sus luces y sus sombras pero con conocimiento de causa

Algunos le llaman "el único superviviente". Es una hipérbole en busca de blanco, pero lo cierto es que Fernández-Galiano es de los pocos que quedan en la cúpula de Unidad Editorial tras unos años de terremotos insistentes. Llegó a la prensa después de militar en UCD, trabajar en el sector financiero, y sentar cátedra de Civil en la Universidad. Y lleva 28 años entre periódicos. Los últimos, de infarto: crisis general, más crisis particular. Le tocó relevar a Pedro J. Activó el tiovivo de la sucesión-que-no-cesa en El Mundo. ERE's y periodistas de toda la vida achicados del barco. Asume y digiere lo que "me hubiera gustado evitar, pero uno está donde está, y le cae lo que le cae". Italia (RCS MediaGroup) tiene la última palabra. Ve futuro a la prensa española, aunque sea "incierto". Aboga por un mapa de cabeceras periodísticas "remodelado" y un sector unido. Soraya Sáenz de Santamaría no tiene su móvil: "Cuando quiere hablar conmigo lo hace a través de mi secretaria". El hombre tranquilo, al que le toca abrir las trampillas, dice no tener "alma de hierro". Ni es, ni pretende ser –apunta-, otro Cebrián.

Cielo de nieves tontas en Madrid.

Cinco días después de que El Mundo relatara que "Unidad Editorial cierra 2016 con una importante mejora de sus resultados operativos, que avalan la dirección estratégica marcada por el grupo para el desarrollo del negocio…", Antonio Fernández-Galiano, el presidente del ente, nos recibe en su despacho. Segunda planta. Al fondo. Discretamente al fondo.

No es un entrevistado usual. No se prodiga mucho. Él sabe perfectamente que casi todas mis preguntas son incómodas. Una persona que lleva casi tres décadas en el vértice de una pirámide no da un paso mediático en falso. Pienso.

Me recibe en la puerta de la sede de San Luis Aurelio Fernández, director general de Publicaciones de la casa. Un periodista vasco que se mantiene en cabina de mandos después del temporal.

Atravesamos las redacciones abiertas. El Mundo, a un lado. Expansión, al otro. Y allá a lo lejos, el Estambul de publicaciones especializadas de prestigio que no son Marca pero enriquecen el prestigio del grupo.

Unidad Editorial es un barco que empezó a enarbolar Pedro J. Ramírez cuando puso la vela de El Mundo en 1989. El mismo que salió por la borda en 2014… Desde entonces, los desequilibrios en la atmósfera del grupo han traído tempestades con vientos, grandes nubes, violentas precipitaciones, rayos, truenos, relámpagos, luces, sombras, puñaladas, dimes y diretes.

Con el capitán español de la nave italiana en la sala de timones, empezamos a remar con preguntas. Una hora de conversación pública. Media hora de conversación privada.

Se aleja la tierra. En el mar triste de los medios que pelean por no ahogarse, navegamos con rumbo, sin prisas, pero con esa cierta ancla de quien lo sabe todo pero no puede desanudar cada red. Por lo que sea. Surcamos un mar mediático en parte transparente, y en parte lleno de pirañas…

Lleva usted más de 20 años en el negocio de los medios de comunicación. Después de un pasado glorioso y un presente triste, ¿cómo aventura el futuro de la prensa española?

Incierto. Creo que hay un futuro, pero me temo que nadie tiene la clave de por dónde irá. La gran ventaja respecto al futuro es el presente relevante –todavía- de unas marcas muy potentes, con gran capacidad de prescripción; marcas respetadas y respetables, pero que tienen que ganarse la confianza día a día. Los periódicos deben hacer un gran esfuerzo de adaptación a un nuevo entorno sociológico, tecnológico y político. Ese nuevo enfoque tiene que estar muy presente en nuestra actividad.

¿Qué han hecho mal los gestores de los grupos de comunicación en España para que la crisis digital haya sido una crisis laboral, una crisis de calidad y una crisis de confianza de los lectores?

Hablar de crisis en el contexto periodístico es, quizás, enfocar el tema por su parte más negativa. Existe una parte de crisis, y también una tremenda oportunidad. El impacto que la revolución tecnológica ha tenido sobre los medios nos ha abierto horizontes increíbles. Baste decir que, en los últimos años, nuestro crecimiento en ingresos ha venido básicamente a través del área digital. Y nuestro crecimiento en términos de audiencia, de capacidad de contactar con nuevos lectores, de relacionarnos con ellos de manera mucho más interactiva que con los medios tradicionales, ha sido, precisamente, gracias a internet.

Es verdad que, al mismo tiempo, internet abre una crisis en el modelo tradicional del negocio del periodismo que debemos gestionar con acierto, pero no es algo exclusivo de este sector. Otros sectores, como el turismo, han afrontado una crisis idéntica. Quizás el mejor exponente del nuevo escenario global sea Amazon y lo que representa de revolución en el modelo del negocio de la distribución. Los negocios tradicionales tienen un problema de ajuste, pero eso supone siempre una oportunidad impresionante.

¿Cómo se reactiva un negocio en el que los periodistas son los principales críticos de su sector?

Los periodistas son piezas esenciales en este negocio, que se diferencia de muchos otros precisamente en que sus principales factores de producción, sus periodistas, son una parte del producto. En el mundo de la educación, un profesor que es figura tiene mucho que decir, y pesa mucho en términos de negocio, para bien y para mal. Sucede lo mismo en el mundo de la Medicina. Y es el caso también del Periodismo, donde los periodistas, sobre todo los más estrellas, tienen mucho que decir y pesan bastante en el negocio. En positivo, y en negativo, aunque normalmente lo positivo compensa lo negativo, porque, si no, sería un desastre. Los periodistas son condicionantes necesarios, pero incuestionables, en la explotación del negocio.

¿Si son críticos los periodistas con el propio sector y con los productos? Echo de menos más autocrítica en la clase periodística. Debería ser más autoexigente consigo misma. Los periódicos de hace 30 ó 40 años tenían periodistas mucho más comprometidos con sus proyectos y con el modelo de sociedad que defendían sus periódicos. Eso lo echo en falta hoy, en general; no estoy refiriéndome a ningún periódico en particular, ni a ningún caso en concreto. Los periodistas se están dejando llevar más por el impacto de sus informaciones, por su notoriedad y por la búsqueda del protagonismo propio, que por el éxito colectivo de una cabecera; y en unos casos ese fenómeno está más acentuado que en otros.

El presidente de Unidad Editorial encarna la pugna gestor-colega en medio de la tempestad mediática. El presidente de Unidad Editorial encarna la pugna gestor-colega en medio de la tempestad mediática. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

¿Ve futuro al mapa actual de cabeceras?

Veo más futuro a un mapa distinto, y lo vengo diciendo desde hace nueve años. Con la transformación que ha sufrido este sector, particularmente en prensa diaria, y la reducción del tamaño del mercado que se ha producido, especialmente en publicidad, el mapa tiene que redefinirse o recomponerse de alguna forma. ¿Cuándo sucederá eso? Lo sensato es que se hubiera producido hace unos años, cuando todos estábamos más preparados, también desde el punto de vista económico y financiero. Cuanto más tarde suceda, más forzados estaremos por las circunstancias. Siempre he pensado que habría sido más positiva una reordenación del sector planificada, como ha sucedido, por ejemplo, en el sector de la televisión, en vez de ir dejándonos llevar por el lastre de las dificultades que, sin duda, todos los editores tenemos.

¿Su propuesta para la prensa española sería una remodelación paralela a lo que ha supuesto el modelo Atresmedia-Mediaset en televisión?

No es exactamente lo mismo. Los periódicos están más ideologizados, expresan mejor una línea de pensamiento, se identifican más con un modelo de sociedad interpretado y filtrado. El pluralismo de la prensa española es sano; otra cosa es que el mercado se pueda permitir esa virtud… Lamentablemente, creo que no. Y eso es lo que nos va a llevar a movimientos que, hoy por hoy, no están encima de la mesa, pero que, sin duda, tendrán que producirse. Eso no tiene por qué significar necesariamente la desaparición de cabeceras. Apuesto por determinadas fórmulas de consolidación del sector con las que puedan sobrevivir un buen número de cabeceras expresando todo lo que significan.

¿Unidad Editorial tiene una relación con Prisa o con Vocento suficientemente estrecha como para que se trabaje conjuntamente una conexión estratégica en algún momento?

Unidad Editorial no tiene prejuicios. Las relaciones son correctas con todos los colegas y con todos los editores. Y el fruto de cualquier operación dependerá, más que nada, del valor que genere.

¿Usted le sigue viendo futuro al papel?

De momento, el papel tiene un buen presente, aunque resentido y debilitado respecto al pasado. Hoy por hoy, el papel sigue significando mucho en las cuentas de resultados. Es verdad que el papel ha sufrido por diversos factores. Se suele asociar el declive del papel a internet, y no deja de ser cierto que internet provoca muchas cosas. No es sólo una alternativa al papel. Determina un modelo de relación del lector con los medios completamente distinto. Esto vale para los periódicos y para el resto de los medios. Ya lo veremos.

En el ocaso de los periódicos intervienen otros desencadenantes, algunos de ellos inherentes a las propias casas editoriales. Nos hemos visto forzados a debilitar los productos, a recortar, a no invertir, a empobrecer tanto sus formas como sus contenidos. Hablamos, además, de un producto que tiene un precio de cabecera mucho más alto, y en cualquier mercado esto funciona mal.

Otro factor muy relevante ha sido la desaparición de puntos de venta. Eso no sólo está relacionado con la caída de la difusión de los periódicos, sino también con medidas y normas que van desde la prohibición de vender tabaco hasta otras muchas cuestiones que han afectado negativamente a la venta de periódicos.

Ese tipo de cosas se pueden afrontar. Un sector unido puede buscar soluciones parciales al declive de los periódicos; lo cual no quiere decir que los periódicos vayamos a vivir una primavera en la que la difusión suba y recupere la situación de antaño. No. Pero siempre habrá un hueco para el papel, que es un soporte que muchos lectores aprecian.

Se dice que los jóvenes se sienten, normalmente, más a gusto con el móvil. Muy bien. Yo creo que el problema que tienen los jóvenes, y es un tema que debiera preocuparnos a todos, es que no les interesa el producto. Un periódico se puede leer en papel, pero también en formato digital. La cuestión es que el concepto ‘periódico’, en su sentido de producto unitario, con un orden, con una jerarquía, con noticias y con valoraciones, con una interpretación de los hechos, es algo que, por desgracia, interesa menos a las nuevas generaciones. Eso es peligroso. No hay nada peor -ahora que están tan de moda los populismos- que una ciudadanía desinformada y sin criterio. Reivindico el periódico como un instrumento que ayuda al ciudadano a entender la realidad, para lo cual hay que esforzarse. La realidad no se entiende bien sólo con titulares y actualizaciones frecuentes en redes sociales. Con criterio, se vota más con la cabeza que con el corazón.

Reivindico el periódico, pero no tanto en su formato impreso sino por lo que significa: una manera de mirar el mundo.

¿Para que tenga futuro el papel, es importante que incluya más contenidos de calidad? ¿Los periódicos impresos deben ser productos más elitistas?

Sin duda. El futuro del papel pasa por la calidad, por el rigor y por la exclusividad en ese sentido, porque la exclusividad de la noticia exclusiva tiene cada vez menos sentido, ya que internet la mata enseguida. Las primicias informativas duran lo que duran. La exclusividad del papel hay que buscarla a través de la calidad, también formal. Veo futuro para un periódico mejor impreso, con mejor calidad de papel, mejor diseñado, sin una errata, y cuyos lectores tengan la seguridad de que todo el contenido es impecable.

RCS MediaGroup lleva unos años movidos. Hace unos meses ha llegado un nuevo accionista mayoritario para hacerse con las riendas. ¿Quién y cómo es Urbano Cairo?

Urbano Cairo es un personaje sobradamente conocido. Profesionalmente, inició su recorrido en el entorno de Mediaset, en Italia, más vinculado al mundo de la publicidad. Tiene vocación editorial y el arrojo de lanzarse a esta aventura. Compró una editora de revistas, lanzó otras publicaciones, tuvo éxito, generó márgenes importantes, reparte destacados dividendos a sus accionistas, consigue tal notoriedad que se hace con LA7, una televisión que pasó por diversas manos y que era de Telecom Italia, y fue capaz de darle la vuelta a la cadena, que perdía cerca de 100 millones de euros, hasta colocarla en break even en menos de un año. Ha protagonizado una ascensión imparable, hasta el punto de haber tenido el coraje de enfrentarse a los accionistas tradicionales de RCS lanzando una OPA que, contra todo pronóstico, ha ganado.

¿Qué prioridades tiene Cairo para RCS y para Unidad Editorial?

Como cualquier empresario, su primera prioridad es la rentabilidad. Pienso que es un empresario que siente un gran respeto por los productos editoriales. Estoy seguro de que va a respetar al Corriere della Sera, a La Gazzeta dello Sport, a El Mundo, a Expansión… Así está siendo hasta ahora. Urbano Cairo es un empresario-editor que busca la notoriedad de sus marcas, su competitividad, y volver a colocar RCS –también a sus activos españoles- en un lugar de privilegio.

¿Está satisfecho con las últimas cuentas de Unidad Editorial?

Sí. Eso no quiere decir que sea suficiente. Se ha dado la vuelta a las cuentas del grupo. De tener un Ebitda negativo de varias decenas de millones de euros en 2015, hemos pasado a uno positivo de algunos millones de euros en 2016. Eso es el comienzo. Hay diferentes desafíos. Cairo es una persona que siempre ha estado muy atenta a los costes, y con una gran sensibilidad social. Siempre ha declarado que no quiere que la gente salga del grupo, y que apuesta por aprovechar a los profesionales de la casa para generar valor. Después de atender a los costes, cosa que ya había sido trabajada en España, tiene el desafío de desarrollar las cabeceras y buscar la manera de generar nuevos ingresos.

¿El mercado latinoamericano es un objetivo prioritario?

Es un objetivo muy claro. Ya hemos empezado con Marca, para el que el mercado latinoamericano es muy evidente. Marca tiene una gran notoriedad, y nos sentimos muy satisfechos del acuerdo alcanzado con Claro Sport. Acabamos de iniciar la implantación en México y seguiremos extendiendo su difusión en los países en los que está el Grupo Carso [Carlos Slim]. Eso va a significar un espaldarazo muy importante al desarrollo latinoamericano de Marca.

El mercado latinoamericano es una gran oportunidad para la prensa especializada, particularmente para Marca. Expansión lo tiene un poco más complicado, igual que El Mundo. Aun así, si The New York Times es un periódico global, vendido incluso en países donde no se habla inglés, ¿por qué El Mundo o Expansión tienen que renunciar a ser un periódico importante en mercados donde se habla la lengua española?

El máximo terremoto de Unidad Editorial lo ha vivido El Mundo. En un contexto de crisis general de la prensa de papel: 4 directores, más los relevos correspondientes en la cúpula de RCS. ¿Fallan las decisiones, fallan los castings de directores o fallan las acotaciones de competencias entre gestores y periodistas? ¿Qué ha pasado en esta crisis institucional dentro de El Mundo? ¿Qué se debe aprender?

Cuando hablamos de "el terremoto de El Mundo", me gustaría ponerlo en su contexto. El Mundo sigue siendo el segundo periódico de España en audiencia, y sigue ocupando la misma situación relativa que hace 20 años. Es un "terremoto" que ha tenido un impacto relativo. O mejor dicho, nos hemos visto todos envueltos en el mismo terremoto…

Dentro de ese "terremoto" nosotros hemos tenido nuestros pequeños terremotos adicionales, que no han sido obstáculo para que sigamos manteniendo las posiciones de liderazgo ostentadas hasta ahora. Conviene decirlo, porque, a veces, pareciera que El Mundo se ha hundido. Y no. Será mejor o peor, porque la crisis del sector ha afectado a todos los productos. Todos los editores nos hemos visto obligados, por estas razones, a empobrecer los productos, pero el periódico sigue muy vivo. Evidentemente, El Mundo se ha resentido también. Ha tenido que recortar y perder recursos valiosos. Antes teníamos un plantel de corresponsales que nos permitía hacer coberturas exclusivas. Hoy, no. Ni nosotros, ni ABC, ni El País, que, aunque creo que cuenta con algunos recursos más, tampoco tiene los de hace 15 ó 20 años. Me parece que es justo poner las cosas en su contexto.

No sé qué tiene El Mundo, que llama tanto la atención… La salida de Luis María Anson de ABC, quizás no de una forma tan abrupta, también determinó una sucesión de directores, a lo mejor no tan seguidos en el tiempo, pero… A ABC también le costó encontrar la estabilidad, y no pasó nada.

Hay algo que es incuestionable: El Mundo contaba con un periodista notabilísimo y un director de primera, que, además, era su fundador: Pedro J. Ramírez. Nos encontramos ante un problema de sucesión que no han tenido el resto de los periódicos. No es lo mismo suceder al fundador y a un periodista del talento y la brillantez de Pedro J. Ramírez, que suceder a directores no menos brillantes, también lo digo, pero con unas circunstancias distintas, en unos periódicos que ya están encarrilados y funcionan. Suceder al director del Corriere della Sera, que tiene 150 años de historia, está tirado. No pretendo simplificar, pero un periódico así es como un trasatlántico que tiene su rumbo, y poner a un jefe de máquinas en la cabina de mandos representa un problema relativo. En el caso de El Mundo no era así, como resulta evidente. Había muchos condicionantes en el nombramiento del sucesor, como también los hubo en el nombramiento del siguiente director, y ahora tenemos un director en funciones. Es un tema que está ahí.

Fernández-Galiano ve futuro al periódico de papel si está hecho como producto gourmet. Fernández-Galiano ve futuro al periódico de papel si está hecho como producto gourmet. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

¿Cuál es el timing para Pedro García Cuartango al frente de El Mundo?

No hay timing.

¿Hasta cuándo se prevé que siga como director en funciones?

Estar en funciones hace referencia a su designación, más que a otra cosa. En cualquier caso, todos estamos en funciones: él y todos.

Con la experiencia posterior al relevo de Pedro J. en la dirección de El Mundo, y con su bagaje acumulado como editor en Unedisa y ahora en Unidad Editorial, ¿cree que fue acertada y oportuna aquella decisión?

En cualquier caso, no fue una decisión que me correspondiera tomar a mí. La adoptó el accionista. Se trataba de una cuestión que estaba sobre la mesa desde hacía años; entre otras cosas, porque el señor Ramírez tenía vencido su contrato como director de El Mundo desde enero de 2011. Él lo sabía perfectamente.

El accionista, en un momento determinado, tomó esa decisión. Si ha sido acertada o no, lo veremos con el tiempo. Lo que está claro es que el señor Ramírez, siendo una persona con extraordinarias cualidades, hay una que no tiene: la de la inmortalidad, aunque ahora la ciencia está haciendo grandes avances en este campo… Para el accionista, en un momento u otro, esa sucesión había que abordarla. El tiempo dirá si lo hizo en el momento oportuno.

Después de tantos años de trabajo y confianza, ¿existe alguna relación personal entre usted y Pedro J.?

Escasa.

Casimiro García Abadillo es un hombre discreto, pero es evidente que está molesto con las formas con las que se le ventiló como director de El Mundo. Dicen que quiso usted asumir su papel y él no consintió.

¿Y quién dice eso?

Es casi es un clamor en el sector… ¿No hubo intromisiones por su parte fuera de lugar?

No tengo conciencia de haberme entrometido en nada. Ni con uno, ni con otros. Creo que he sido absolutamente respetuoso con el trabajo que han desempeñado. Aunque yo también tengo mis responsabilidades, claro. No puedo hacer dejación. Hubo una relación editor-director como la que se podía esperar en cualquier otro periódico.

¿Y con David Jiménez, igual?

Exactamente igual.

No dicen ellos exactamente lo mismo. En el último caso ha habido incluso juicio con pacto posterior…

¿Carlos Segovia está en las quinielas para dirigir próximamente El Mundo?

Esa quiniela no existe.

En tres años han salido de esta casa, casi como spin off, al menos, dos medios que hacen competencia a El Mundo: El Español, y El Independiente…

Han salido incluso muchos otros medios… Con internet caen las barreras de entrada y cualquiera puede crear un periódico digital. Respeto muchísimo ambas iniciativas.

¿Su contrato con RCS MediaGroup tiene fecha de caducidad en diciembre de 2017?

No.

¿Tiene alguna fecha su relación laboral con RCS?

Eso no tiene el menor interés. Tengo una relación laboral de alta dirección como cualquier otro profesional. Pero, vamos, mi contrato no vence en diciembre de 2017…

Lo he leído en varios sitios…

Pues están equivocados.

Más allá de las razones técnicas, que entiendo que han existido, hay mucho sustrato humano en esta crisis de El Mundo. ERE's, despidos, gente histórica que se va dando un portazo. ¿Cómo le ha pesado esta situación? ¿Merece la pena ser gestor por encima de aquellas relaciones personales con sus compañeros de empresa?

Se vive muy mal. No tengo alma de hierro. Soy sensible, y he sufrido mucho con la salida de bastante gente, sobre todo de los que más conocía. He visto situaciones casi dramáticas. Hay que ser un animal para no conmoverse cuando ves salir personas con lágrimas en los ojos. Pero son situaciones a las que hay que enfrentarse. No es un consuelo, pero no somos los únicos que hemos tenido que hacer ajustes en las plantillas.

Veníamos de una situación más complicada que la de otros grupos, porque la crisis se inicia justo después de la compra de Recoletos. Tuvimos una doble tarea: ajustar en función de la crisis, y ajustar en función de la fusión. No ha sido fácil. He vivido este proceso con tremendo pesar. Lo que pasa es que teníamos que salvar el puesto de trabajo de todos los demás. Había voces que deben permanecer vivas porque tienen muchas cosas que decir, como las de El Mundo, Marca, Expansión y las del resto de las publicaciones de la casa.

En estos casos, el gestor tiene que mirar los intereses de una compañía, porque no hay que olvidar que todos estos activos pertenecen a un accionista, que es quien se ha jugado el dinero, y es necesario buscar el equilibrio de la empresa y el desarrollo profesional de los que se quedan.

Unidad Editorial no es sólo El Mundo.

¿Qué objetivos se plantea para Expansión?

Expansión es la cabecera líder indiscutible en el ámbito periodístico económico y puede tener un desarrollo internacional, porque no hay ninguna publicación de referencia de su estilo en lengua española. El hecho de que la economía esté progresivamente globalizada ayuda a que Expansión tenga una oportunidad fuera de sus fronteras naturales. Además, Expansión cuenta con un gran desafío en internet. Puede hacer un producto digital bueno para ser explotado bajo la modalidad de pago. Una publicación especializada en economía puede sacarle mucho partido a la información digital cobrando por ella.

¿Y para Telva?

Casi puedo decir lo mismo.

Nosotros tenemos una gran ventaja respecto de otros grupos de comunicación, porque somos líderes en información especializada. Eso nos da una fortaleza singular. Nos hace muy fuertes tener Marca, líder en su segmento; Expansión, líder en su ámbito; Telva y Yo Dona, líderes en información femenina de alta gama; Diario Médico y Correo Farmacéutico, líderes en el terreno de la salud... La información especializada viene segmentada de origen y tiene muchas posibilidades de expansión internacional en papel y en internet.

¿Está usted contento con PAPEL?

Me parece un producto muy digno. Forma parte de la estructura de nuestra oferta del domingo, que es muy tradicional. Los periódicos llevamos muchos años ofreciendo un paquete dominical al que nosotros le damos muchas vueltas. En cualquier caso, PAPEL me parece un producto impecablemente ejecutado, de gran calidad. Además, con el lanzamiento de PAPEL tuvimos la oportunidad de incorporar al grupo a personas de mucho talento. Es una de las grandes cosas que nos ha traído PAPEL.

Creo que cuenta usted con una cierta tradición de filólogos en su familia…

Al menos, un tío, ya fallecido, y un primo… Ilustres filólogos, tengo que decir, en defensa de ellos y de mi familia…

Hasta ahora hemos hablado mucho de productos. Uniendo su tradición editora y esa cierta sangre filológica, ¿cómo ve usted a los periodistas actuales? ¿Preparados? ¿Superficiales? En general…

¿Quiere que le conteste, de verdad?

Sí.

Los periodistas, en general, no son muy distintos al resto de ciudadanos. España ha tenido un grave problema de modelo educativo que ha afectado a muchas profesiones, a muchas titulaciones, y desde luego también a los periodistas. Es imprescindible abordar el problema del modelo educativo del que adolece España, porque el que existe es totalmente inadecuado para nuestras circunstancias.

No comparto que cualquier tiempo pasado fue mejor, y tengo en cuenta que hay periodistas jóvenes de muchísimo talento, pero, en general, creo que el conjunto de los periódicos y de la sociedad padecen la crisis evidente de la pobre formación humanística. Hasta las profesiones más técnicas del mundo requieren una preparación en humanidades para sus profesionales. Soy totalmente contrario a la supresión del latín, del griego, de la Filosofía… La persona necesita una mínima formación para entender su circunstancia, y su circunstancia está en la cultura, en la historia, en el pasado. ¡No se puede matar a los clásicos, que nos lo han dado todo! Eso es una barbaridad. Ese problema lo sufre el periodismo y muchas otras disciplinas.

¿A qué periodistas de la casa sin mucho nombre, todavía, sigue usted más de cerca desde su despacho?

Hay muchos, algunos muy buenos y de muy diversas procedencias. No quisiera citar nombres, porque se puede caer fácilmente en la injusticia de olvidar alguno. Pero en el grupo los hay, en El Mundo particularmente, y han venido en las últimas hornadas. Otros han crecido en la cantera que dirige Aurelio Fernández. Esa cantera es de lo que me siento más orgulloso. De ahí salen valores muy interesantes.

A Unidad Editorial se le resiste ser un grupo multimedia. ¿Eso que parecía sagrado hace unos años para sobrevivir en el sector, sigue siendo un reto?

Tenemos dos televisiones, las dos en régimen de co-explotación. Hoy en día, ¿quién puede decir que no somos un grupo multimedia? Después del Barcelona-París Saint-Germain de la Champions tuvimos 3,5 millones de descargas de vídeos en Marca.com. ¿Eso no es ser multimedia? España es un país privilegiado en el desarrollo de las infraestructuras de telecomunicaciones. La implantación aquí de la fibra es espectacular. Estamos a la cabeza de Europa y del mundo. Eso nos da mucha competitividad. Ahí, el papel de Telefónica ha sido esencial, porque apostó por ello, y le han seguido los operadores no nacionales, como Vodafone y Orange, que tienen más fibra instalada en España que en sus países de origen. A los operadores y editores este progreso nos da muchas oportunidades de ser multimedia. Ahora necesitamos los recursos, las tecnologías, el talento y las ideas para poder seguir desarrollando todo eso en las webs con un volumen de tráfico admirable y una gran relevancia. Las bases están sentadas. No se pueden tener mejores activos para desarrollar un proyecto multimedia. Ahora hay que hacerlo.

Hablando de retos. Con su experiencia mediática de estos años, ¿cómo cree que deben conquistar los medios tradicionales a los jóvenes lectores?

Es una pregunta complicada… En cualquier caso, respondería que no como los jóvenes lectores quisieran… El problema no es de los medios tradicionales, sino de la sociedad: ¿Cómo hacemos para que los jóvenes lectores se interesen por las cosas por las que se tienen que interesar? Esa es la cuestión… Una sociedad que no está informada en profundidad tiene grandes debilidades y queda muy expuesta.

No puede ser que los jóvenes se pasen horas respondiendo whatsapps, subiendo fotos a Instagram, participando en las redes sociales, viendo Facebook, visitando YouTube… Ese tiempo nosotros lo invertíamos en leer. Yo, con esa edad, leía periódicos, y no era una excepción. Entré en la Universidad con 17 años y allí muchos íbamos con un periódico debajo del brazo. Hablo de cuando los periódicos, además, eran toda una seña de identidad para quien los compraba. La pérdida de ese interés por la lectura y por estar bien informados debilita a la sociedad en su conjunto. Devuelvo la pregunta: ¿Qué tiene que hacer la sociedad para que los jóvenes se interesen por la lectura, por la información en profundidad, por la raíz de los problemas y vuelvan a los clásicos?

¿Qué periódico llevaba usted bajo el brazo en sus años universitarios?

Tenía la suerte de que mi padre leía todos los periódicos, y yo también. Somos seis hermanos, y en mi casa nos peleábamos por los periódicos. El drama era cuando llegaba mi padre a casa y no encontraba el que quería leer, porque se organizaba la marimorena. Recuerdo Informaciones, Madrid, Ya, ABC… Todos, y los que fueron apareciendo en todo el espectro ideológico. Me acuerdo de El Imparcial, luego El País… Desde 1990, mi periódico de referencia ha sido El Mundo, por supuesto.

¿Se vio abocado desde siempre al mundo de la prensa?

En absoluto. Pasé por el sector financiero, por la Universidad, compaginé la Universidad con esto durante algunos años… De todas formas, había algo porque, cuando tenía 15 ó 16 años, en sexto de bachillerato –soy del plan antiguo- entre unos cuantos alumnos editábamos una revista que se llamaba Platón. Fue mi primera incursión en este mundo. Indudablemente, el universo editorial me atraía.

Llegué a Unidad Editorial arriesgando mucho, porque era un proyecto en fase de lanzamiento. A los 32 años uno puede arriesgar, porque siempre crees que tienes margen de tiempo para corregir si te has equivocado. A pesar de los disgustos y de los problemas que me ha tocado afrontar, es un sector en el que me siento satisfecho.

¿Qué piensa Antonio Fernández-Galiano cuando ve titulares y fotos de click fácil y calidad periodística nula en las home de sus medios digitales?

Pues no me gusta…

En Marca son muy habituales…

Bueno, eso lo dice usted… Pero, vamos, que a mí no me gusta. Los periodistas tienen que alejarse de la búsqueda del impacto.

¿Que Rajoy adore el Marca es marketing?

Es una magnífica campaña de lanzamiento para Marca (se ríe) y, en cualquier caso, el reconocimiento a un producto muy bien hecho.

¿Con Aznar y Zapatero los medios de comunicación eran más independientes?

No. El Mundo es hoy tanto o más independiente que hace 15 años.

Hay periodistas de esta y otras casas que critican la injerencia de Moncloa, y no sólo de Podemos. ¿Soraya Sáenz de Santamaría tiene su móvil?

Soraya Sáenz de Santamaría cuando quiere hablar conmigo lo hace a través de mi secretaria, como cualquier persona.

Llevo 27 años y he visto de todo. ¡No hay un Gobierno que no haya presionado! ¡Ninguno! ¡No hay un poder, independientemente de cuál sea su naturaleza, que no intente presionar a los medios!

¿El cuarto poder sigue siendo contrapeso, o la crisis le ha puesto en la otra cara de la moneda?

Creo que sigue siendo contrapeso.

Después de tantas idas y venidas en este sector, ¿añora no haberse dedicado a la política?

Pude haberme dedicado a la política y no lo hice. Es más, fui militante de UCD, fui candidato -de relleno, obviamente- en las primeras elecciones municipales de la Democracia en Madrid, en la lista encabezada por José Luis Álvarez, pero llegó un momento en que opté por poner el énfasis en mi formación y en mi carrera profesional. Nunca más he vuelto a tener la tentación de la política.

¿Añora UCD?

¡Muchísimo!

¿A Ciudadanos no lo ve usted en esa misma sintonía?

¡No es lo mismo! En UCD primaba un proyecto de país. Hubo mucha gente que sacrificó su dinero en aquel proyecto político, y muchos que sacrificaron sus carreras. En UCD se priorizaba la búsqueda del consenso. Se buscaba sacar a España de un túnel en el que parecía que nunca asomaba la luz. UCD fue un proyecto político excepcional, con sus fallos, sin duda, con una cierta falta de cohesión, y que hizo de la necesidad virtud para conseguir unir distintas sensibilidades ideológicas en torno a un centro que no terminó por unir del todo esas corrientes en un único partido. De ahí vino su fragmentación y su desaparición. Pero el espíritu de UCD en ese momento de la historia de España, en el que encuentro similitudes con la España de hoy, es algo que verdaderamente añoro. Ojalá muchas de sus características estuvieran hoy presentes en la vida política española.

¿Usted es otro Cebrián?

¡Por Dios, en absoluto! Cebrián es un personaje… Ni por edad, ni por trayectoria, ni por nada… Ni soy ni pretendo ser otro Cebrián.

Podemos habla de la "trama", antes "casta": Ibex, medios de comunicación, partidos de siempre… ¿El Ibex y los partidos son limpios con la prensa?

Podemos habla de la casta y de la trama, aunque de lo que en realidad habla es del sistema y del antisistema. A Podemos no le gusta nuestro sistema, y lo quiere desmontar. Ahí nos mete a todos los que estamos en el sistema. Frente a eso, debo decir que yo defiendo el sistema, porque tiene reglas del juego, está inspirado en principios democráticos, con sus fallos, y nos ha proporcionado unos niveles de convivencia, de libertad y de bienestar social que España no ha vivido nunca.

Es verdad que hemos padecido una crisis económica que altera muchas sensibilidades, y algunos movimientos políticos pretenden sacar partido de eso, pero los problemas que ha atravesado España en estos años hay que resolverlos dentro del sistema y no fuera. Dinamitar el sistema no conduce a nada bueno, y supondría dar un paso atrás de proporciones incalculables.

Yo, que ya tengo mis años y miro más al futuro de mis hijos, lo que quiero para mi país es un entorno de estabilidad, de progreso, de bienestar y de seguridad en las reglas del juego. Si en algo ha fallado el sistema es en que, quizás, las reglas del juego no han sido observadas del todo en algún caso.

Las empresas del Ibex, los medios de comunicación, los partidos políticos son los elementos propios de cualquier sistema democrático. Todos ellos son núcleos de poder. ¿Acaso lo que busca Podemos no es el poder? No caigamos en la ingenuidad de pensar que los que denuncian a la casta por el ejercicio del poder pretenden otra cosa, y no sabemos con qué consecuencias…

Me dicen que le pregunte por su madridismo nuclear…

Soy madridista, no sé si nuclear. No soy un gran futbolero pero, si me emociono y vibro con un partido, es siempre con el Real Madrid. Esos son los partidos que veo con mi copa de cerveza y con mis amigos. Si me extralimito en las formas es cuando el Madrid marca un gol. Sí. Soy madridista. Tengo que confesarlo.

En estos días, El Mundo y Marca llevan una promoción con un lema rotundo: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. ¿Qué le gustaría dejar como legado de su gestión en Unidad Editorial?

Lo que quiero es poder entregar el testigo en las mejores condiciones posibles para la empresa. Me ha tocado gestionar los ocho años de crisis sin cuartel que estamos padeciendo. Me ha tocado también gestionar una cierta inestabilidad en Italia, cambios de consejeros delegados… Me ha tocado gestionar una sucesión muy complicada en la dirección de El Mundo. Me han tocado cosas que me hubiera gustado evitar, pero, al final, uno está donde está, y le cae lo que le cae...

Lo que me gustaría entregar es algo que tuviera futuro. Y, además, a no mucho tardar. No tengo vocación de permanencia ad aeternum. Ni mucho menos. Pero quisiera cumplir mi compromiso de mantener unas cabeceras vivas, con el nivel de competitividad que siempre las ha caracterizado, y que constituyan la base de un negocio, ya en otras claves, porque la revolución está más que anunciada. Pero esa etapa le corresponderá gestionarla a otro.

REBOBINANDO

Unidad Editorial es una empresa de comunicación. Y Antonio Fernández-Galiano lleva 28 años en la cumbre. De esta entrevista, me interesaba conocerle a él y escuchar la voz de su experiencia sobre un entorno mediático en nebulosa. No buscaba una entrevista Falcon Crest, aunque los enredos de la casa salen, como es lógico, con la intención de escuchar su versión de los hechos. El que discrepe, que lance la primera piedra en la sección de comentarios.

El patrón de la rama española de RCS MediaGroup expone sus recetas ante el futuro incierto de la prensa, aunque no desvele del todo la fórmula de su cocacola.

¿Sobrevivirán los periódicos españoles? Sí, pero no todos. El sector requiere fusiones.

¿Le queda vida a la prensa de papel? Sí, pero con más calidad formal y de contenidos. El papel será para las élites.

¿Este periodismo digital es el camino? No. El click fácil garantiza un presente a corto plazo, pero fomenta el desprestigio y la desconfianza a medio y a largo.

¿Los jóvenes reniegan de la prensa? Sí. No les interesan los periódicos, entendidos como corpus unitario. ¿Es eso preocupante? Para Fernández-Galiano es "peligroso". Los jóvenes que no aman los periódicos no buscan, en su opinión, verdades templadas, realidades complejas, información profunda y análisis ajenos.

¿Los periodistas están a la altura de estas circunstancias? No. En general, les sobra afán de protagonismo y les falta remar por "el éxito colectivo" de sus cabeceras. Su recomendación de gestor: más autocrítica, más autoexigencia, y más clásicos.

Fernández-Galiano está en Unedisa-Unidad Editorial desde principios de los 90. Hay quien no entiende por qué él ha terminado convirtiéndose en la pieza de la continuidad. Muchos destacan que es buena persona pero un gestor discutible. Algunos creen que tiene corazón blando y mano dura para ejecutar las decisiones que correspondan sin muchos miramientos. Ningún negocio es una ONG.

Cuentan que su fichaje ha estado en la mesa de varios grupos de comunicación de la competencia. Y eso también dice muchas cosas. De él y de los otros grupos de comunicación. Lo cierto es que, posiblemente, en otras casas editoriales brillaría más, pero él se mantiene en la que vio florecer cada una de sus canas. Todo tiene su parte de trabajo, de lealtad, de tripas, de corazón, de resultados, de titulares, de silencios, de posverdades, de intereses, de poder y de misterio.

Entre la incertidumbre por dentro y por fuera, el mar sigue fluyendo.

Vemos de frente el farol rojo encendido en la espalda del buque, que navega dubitativo hacia la Antártida mediática del siglo XXI una semana antes de cumplir sus 60 primaveras. El azul de los poetas está bravío.
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